"Siempre es preferible ofender a la familia antes que al jefe"

Un cazador tendió una red entre dos árboles y le colocó detrás una jaula con unos gorriones que había cazado. Luego se ocultó.

Un grupo de pájaros salvajes que volaba cerca, atraído por el canto de los gorriones enjaulados, se arrojó sobre la jaula.

Al caer en la red, las aves silvestres le recriminaron a los que se encontraban en la jaula: “¿Cómo es posible que siendo de la misma especie no hayan intentado al menos avisarnos del peligro?”. Uno de los gorriones enjaulados les respondió: “Es preferible el enojo de nuestros parientes que el de nuestro amo.”

Así es, mis bajitos, siempre es preferible ofender a la familia antes que al jefe. No lo olvides: ni tu esposa, ni tu suegra, ni tus hijos te pagan el sueldo a fin de mes. Querubines: nunca ofendan a la persona equivocada.


"Moriré tres días antes que Su Majestad."

¡Hola bomboncitos! Les taigo una bella historia medieval: una tarde el rey llamó al astrólogo de la corte a su habitación. Quería vengarse porque el adivino habia hecho una serie de predicciones que nunca se habían cumplido. Antes de que el hombre llegara, el rey indicó a sus sirvientes que, cuando él diera la señal, debían apresar al astrólogo, llevarlo hasta la ventana y arrojarlo al vacío.

Cuando llegó el astrólogo, el rey decidió formularle una última pregunta para mostrarle a todos que el adivino era un farsante: “Usted afirma entender de astrología y conocer el destino de los demás, así que dígame cuál será su propio destino y cuánto tiempo de vida le queda.”

El adivino, que no era ningún tonto, supuso que algo andaba mal y pensó un momento antes de contestarle: “Moriré exactamente tres días antes que Su Majestad”. Así fué como el rey le perdonó la vida, lo colmó de obsequios y lo protegió durante muuuuchos años.

Recuerden querubines que lo único que motiva al hombre es el interés personal. La gente rara vez actua en contra de sus propios intereses. Así que cuando quieran que papi y mami les compren algún lindo juguete, no supliquen. Sólo recuérdenles: "un niño feliz, es un niño que no les hará la vida imposible a sus padres".

Dulces sueños merengados, mis queridos.


"Costo por golpear la caldera: 1$. Costo por saber donde golpear: 999$"

¡Amiguitos mios! En el número anterior el despótico director de esta publicación se animó a aventurar la idea de que mi sección no aparecería en todos los números, sino que sería intercalada con otras cosas. Se ve que mi pedido de aumento de sueldo no le cayó muy bien. De todas formas quiero agradecer todos los emails defendiendo mis cuentitos. Gracias a ellos, he firmado contrato por un año con el newsletter y un suculento aumento cuya cifra no divulgaré.

Esta "desagradable" experiencia con final feliz me ha motivado a traerles un cuentito que habla sobre lo importante que es ser imprescindible para los demás. Cuentan que en una ocasión el capitán de un barco tuvo un problema: se rompió la caldera de su embarcación. Desesperado, ni bien llegó a un puerto, buscó un mecánico local.

Luego de mostrarle la caldera al buen hombre, el capitán le preguntó si podría arreglarla. "Sí", le dijo el mecánico, "pero necesito que me deje a solas unos minutos". El capitán se retiró pero, intrigado por el pedido, decidió espiar por una ventanita. Desde allí pudo ver como el hombre sacaba una gran llave inglesa de su caja de herramientas y le pegaba un tremendo golpe a la caldera, la cual, volvió a funcionar inmediatamente.

"Listo, ya la arreglé", dijo el muchacho al salir de la habitación, "Me debe 1.000 pesos". El capitán se indignó con la cifra y reclamó: "Muy bien, pero voy a necesitar un recibo donde me detalle el trabajo realizado y los costos".

El mecánico escribió un rato sobre una hoja, tomó sus 1.000 pesos y se fue. El capitán desdobló la nota y la leyó: "Costo por golpear la caldera: 1$. Costo por saber donde golpear: 999$."

Ya ven amiguitos, aprendan a ser indispensables con los demás. Es la única forma en que serán respetados. Es una cruel lección que todos hemos aprendido hoy, especialmente el director de esta revista. Buenas noches, querubines.

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