Los
cuentitos del osito Navaja
¡Amiguitos mios! En el número anterior
el despótico director de esta publicación
se animó a aventurar la idea de que mi sección
no aparecería en todos los números,
sino que sería intercalada con otras cosas.
Se ve que mi pedido de aumento de sueldo no le cayó
muy bien. De todas formas quiero agradecer todos los
emails defendiendo mis cuentitos. Gracias a ellos,
he firmado contrato por un año con el newsletter
y un suculento aumento cuya cifra no divulgaré.
Esta
"desagradable" experiencia con final feliz
me ha motivado a traerles un cuentito que habla sobre
lo importante que es ser imprescindible para los demás.
Cuentan
que en una ocasión el capitán de un
barco tuvo un problema: se rompió la caldera
de su embarcación. Desesperado, ni bien llegó
a un puerto, buscó un mecánico local.
Luego
de mostrarle la caldera al buen hombre, el capitán
le preguntó si podría arreglarla. "Sí",
le dijo el mecánico, "pero necesito que
me deje a solas unos minutos". El capitán
se retiró pero, intrigado por el pedido, decidió
espiar por una ventanita. Desde allí pudo ver
como el hombre sacaba una gran llave inglesa de su
caja de herramientas y le pegaba un tremendo golpe
a la caldera, la cual, volvió a funcionar inmediatamente.
"Listo,
ya la arreglé", dijo el muchacho al salir
de la habitación, "Me debe 1.000 pesos".
El capitán se indignó con la cifra y
reclamó: "Muy bien, pero voy a necesitar
un recibo donde me detalle el trabajo realizado y
los costos".
El
mecánico escribió un rato sobre una
hoja, tomó sus 1.000 pesos y se fue. El capitán
desdobló la nota y la leyó: "Costo
por golpear la caldera: 1$. Costo por saber donde
golpear: 999$.
Ya
ven amiguitos, aprendan a ser indispensables con los
demás. Es la única forma en que serán
respetados. Es una cruel lección que todos
hemos aprendido hoy, especialmente el director de
esta revista. Buenas noches, querubines.