Los
cuentitos del osito Navaja
Termina el año, y les he traído un bello
cuentito: en un lejano y bello bosque vivían
una zorra y un buey. Ambos eran amigos y tenían
mucha hambre. “Tengo una idea”, le dijo
la zorra al buey un día, “¿por
qué no cazamos juntos? Así tendremos
más posibilidades de capturar alguna presa.”
El
buey estuvo de acuerdo, así que ambos se adentraron
en la espesura. Pero en un momento, la zorra se encontró
frente a frente con un terrible león. “Señor
león, si usted no me come, estoy dispuesta
a hacerle un favor: le entregaré en bandeja
un sabroso y rechoncho buey para que calme su apetito.”
El león aceptó, así que la zorra
volvió hasta donde estaba el buey y lo engañó
para que cayera en un pozo del cual no podía
salir.
La
zorra volvió a buscar al león y lo llevó
hasta donde estaba el buey. “¿Ve señor
león? Le he hecho el favor que le prometí.”
El león observó al buey y dijo: “Ya
lo creo que me has hecho un favor. Como el buey no
puede escapar de allí, me dedicaré a
cazarte a ti primero. Dejaré a tu amigo para
comerlo luego.”
Y
así fue como la zorra terminó siendo
el almuerzo del león. Supongo querubines que
a esta altura del relato estarán pensando:
“¡Ufa! ¡Ahora el osito Navaja nos
va a aleccionar con eso de que no hay que traicionar
a los amigos o algo así!.” No chiquitos,
no. La moralina me da acidez. La enseñanza
de hoy es que nunca deben hacerle favores a los demás
apelando a su generosidad o gratitud. Las
personas nunca piensan en los demás. Los demás
sólo les harán favores cuando puedan
obtener algo a cambio para su propio beneficio.
Moraleja:
cuando pidan algo, asegúrense de estar dando
algo a cambio. Lo gratis, a la larga siempre sale
caro amiguitos. Desconfíen de las promociones
y las promotoras escotadas. Sweet dreams, darlings.